Religión y política

Religión y política

La distancia entre civilizaciones

Primero vino el curso de Educación P ermanente del profesor José Kechichián, llamado “Religión y Política en la modernidad tardía”, y como resultado, los participantes estudiaron a fondo el fenómeno de la religión y su relación con la política.

Ignacio Linn Causa planteó la dicotomía que se genera ante las posiciones enfrentadas de las teorías del nortamericano Samuel Huntington y el palestino Edward Said. Huntington escribió en el año 1993 un artículo llamado “The clash of the civilizations?” (traducido como “¿El choque de las civilizaciones?”). Allí planteó que el orden mundial se vio transformado después de la caída del muro de Berlín, cuando el mundo se convertía en una sociedad global de múltiples civilizaciones. El artículo tuvo mucho éxito, por lo que en 1996 escribió un libro llamado “El Choque de las Civilizaciones y la Reconfiguración del orden mundial”, donde desarrolló las teorías que había planteado en el artículo y expuso de manera más concreta por qué existen esas civilizaciones en las que el mundo se dividiría.

Huntington ya adelantaba que los próximos enfrentamientos no iban a ser por razones ideológicas ni económicas, sino culturales y religiosas, y empezó a construir desde esa perspectiva una idea de occidentalismo, como la civilización característica de Europa y Estados Unidos. Así, mencionó la existencia de ocho civilizaciones, donde destacó la occidental y la islámica, y dijo que dentro de cada civilización van a existir liderazgos de países o Estados-nación más poderosos; por ejemplo, en la sociedad latinoamericana el líder sería Brasil.

El Islam y China eran las civilizaciones que iban a enfrentarse con occidente, afirmó Huntington. Linn sostiene que “el pensamiento de este autor construye una perspectiva etnocéntrica, es decir, escribe desde occidente, para occidente y para el mundo”. En otras palabras, construyó una imagen para el mundo desde occidente.

Por otro lado, Edward Said planteó que cuando hay un choque de civilizaciones, en realidad lo que hay es un “choque de ignorancias”. Manifestó que la lógica del planteo de Huntington es la de justificar una lógica imperial de parte de occidente. “Said intenta deconstriur el enfrentamiento cultural, entiende que el ataque a las sociedades árabes se realiza desde el desconocimiento y con la intención de construir una imagen negativa de las mismas. Además afirma que se desconocen las características propias de las civilizaciones”, explicó Linn.

Debates políticos

Diversidad cultural y religiosa: tres debates políticos concatenados para la convivencia”, fue el título de la ponencia de Nicolás Portela. El objetivo era reflexionar sobre la convivencia en las sociedades democráticas en un contexto de diversidad cultural y religiosa. “Este contexto se caracteriza por la globalización, naciones en situación de interdependencia, renacimiento de la religión y una desprivatización de lo religioso”, explicó Portela.

En las relaciones internacionales se plantean dos perspectivas en disputa: el choque de civilizaciones de Huntington, Lewis y compañía, como lo había planteado Ignacio Linn anteriormente, y el diálogo de civilizaciones que procura la construcción de espacios plurales de encuentro y cooperación para la paz.

Portela aseguró que “para construir instituciones políticas se necesita debatir en el seno de nuestras sociedades algunos asuntos que definen nuestra vida en la polis”. Y los debates son tres: los libretos democráticos profanos, los Formatos de Representación de Intereses (FRI) y los tipos de intervención estatal, y los modelos de relación entre política y religiones.

El primer debate define el marco en el que los diversos grupos de la sociedad se insertan en el demos, y establece los márgenes y recursos aceptados para definir el interés público. En el segundo debate el vínculo Estado-sociedad ha sufrido variaciones en tanto los roles del Estado han experimentado modificaciones. Este tipo de intervención estatal ha afectado la articulación entre los actores sociales y políticos. Por último, el tercer debate se pregunta qué actitud podría tomar el Estado frente a las religiones, qué principios inspiran la laicidad, qué lugar se le da a la fe en lo público.

Portela dio dos aproximaciones para entablar el último debate. Por un lado los modelos de relación entre el Estado y las religiones, que es una clasificación hecha por Paul Cliteu a la que Luciano Álvarez, escritor uruguayo, le hizo un agregado. Y por otro lado, los modelos de laicidad de Micheline Milot. Respecto a los primeros, se encuentran cinco: ateísmo político, Estado religiosamente neutral, Estado multicultural, Estado eclesiástico y Teocrasia, al que luego Luciano Álvarez agregó el Estado beligerante. Respecto a la laicidad, también son cinco los modelos descritos: laicidad separatista, laicidad anticlerical, laicidad autoritaria, laicidad de fe cívica y laicidad de reconocimiento. Portela sostuvo que “los tres debates están concatenados, pero no resultan concebibles las combinaciones entre los formatos, por ejemplo, el ateísmo político y la teocracia no serían conceptualmente posibles bajo un sistema inspirado por un libreto pluralista”.

Soledad Pontet