Segregación del espacio urbano en Uruguay

Segregación del espacio urbano en Uruguay

Cerca pero lejos

En Uruguay existen divisiones del espacio urbano que responden a “una lógica neoliberal y de separación clasista”, según el politólogo e investigador Marcelo Pérez, quien disertó en la mesa “Lo urbano como objeto” en base a su estudio de los barrios privados.

Para Pérez, esos espacios funcionan como una segregación elegida principalmente por personas de la clase dominante, en respuesta al miedo que les genera “la inseguridad ciudadana” y como producto de la búsqueda de satisfactores culturales. El investigador expresó que se trata de “un silencioso producto en expansión que acompaña la tendencia global”, que empezó a aparecer en el país en la década del noventa en base a un modelo importado, donde muchos de los capitales y residentes son extranjeros.

Por lo general este tipo de locaciones de puertas cerradas se ubican en zonas donde viven sectores populares: “¿Cómo convergen estos dos sectores?”, se preguntó Pérez. El investigador analizó la violencia que produce el contraste entre las diferencias económicas e invitó a la reflexión sobre la aceptación de los vecinos a la incorporación de los barrios privados a su localidad: “No hay reclamos porque existen mecanismos de dominación difusos que hacen que no se generen acciones colectivas al respecto”, pronunció.

Pérez hizo referencia a los distintos mecanismos de control territorial que manejan estas personas de alto poder adquisitivo al relacionarse con los habitantes de los barrios populares de la zona, como la caridad o la solidaridad empresarial: “Marcan presencia usando la iglesia popular, o hacen donaciones al Caif de la zona, organizan jornadas para juntar choclos entre niños pobres y ricos; todo esto genera una intervención en el plano subjetivo y material que influye para la aceptación pasiva”.

El investigador expresó que la normativa que regula a los barrios privados es “difusa”, porque no hay una legislación nacional sino que es cada intendencia la que autoriza o no el emprendimiento. En la actualidad, los departamentos de Canelones, Maldonado, Rocha, Colonia, San José y Paysandú son los que cuentan con este tipo de urbanización, con un total de 61 barrios privados, que en su mayoría sus viviendas son de uso temporal. En el año 2008 la Ley de Ordenamiento Territorial aconsejó que no se continuara expandiendo este tipo de producto inmobiliario, pero no lo prohibió.

Para el investigador, además de la privatización del espacio, se genera una especie de “socialización burbuja” donde las personas se mueven en espacios de acceso diferencial, como colegios, tiendas, clubes deportivos, cementerios privados y sistemas de transporte contratado para los jóvenes y el servicio doméstico: “de esta manera dejan de precisar de los servicios del Estado y pasan a ocupar más la figura de contribuyente que la de ciudadanos públicos”, manifestó. Pérez señaló que esta lógica afianza las diferencias sociales y reproduce las estructuras de clase, y destacó la falta de investigación científica sobre las consecuencias que producen este tipo de construcciones, así como también la ausencia del tema en la agenda pública.

Además de este tipo de división, para la trabajadora social Beatriz Rocco existen procesos de segregación territorial en nuestro país que expresan las desigualdades promovidas por el sistema. De esta manera, los barrios de la capital se dividen por el nivel socioeconómico de las personas y construyen subjetividad: “el hecho de vivir en determinados lugares otorga más o menos prestigio, y quienes pueden buscan diferenciarse”, expresó Rocco. En su proyecto de investigación “Sean los infelices ¿los más privilegiados?”, manifiesta su preocupación sobre estas divisiones territoriales, ya que según sus estudios tienden a reducir la interacción entre personas de diferentes niveles socioeconómicos, reproducen las desigualdades y restringen los accesos y la movilidad social. Además, manifestó que la segregación genera “erosión” en los vínculos causando que las personas no se organicen para reclamar mayor acceso a sus derechos.

El arte urbano como transformador del espacio

Existen artistas que utilizan el espacio público como escenario para sus obras, son los grafiteros y los promotores del street art. Según el sociólogo Ricardo Klein, estas personas buscan irrumpir el espacio y tienen una concepción de la ciudad distinta a la de la administración pública: que “la ciudad es de todos”  y que “la ciudad debe ser conquistada”.

Según Klein, los autores de las obras intentan subvertir el orden establecido en el espacio público, bajo la lógica de que “la ciudad es de quien la vive” y generan una comunicación entre el artista, la calle y la vida cotidiana. Hay casos, mencionó el sociólogo, donde el arte callejero contribuye a romper con los estereotipos del barrio, y nombró dos proyectos: uno de ellos denominado “Museo a cielo abierto San Miguel”, que consiste en pintar fachadas de las viviendas de un barrio humilde en Santiago de Chile con temáticas que rescatan la memoria local, y la iniciativa del “Festival Internacional de Teatro de Calles Abiertas” en Lima, Perú, donde se busca regenerar la identidad del barrio de Comas, conocido como una zona “violenta”. Por esto Klein considera que “los colectivos construyen una mirada de la ciudad”.

Aiara Camacho