Lo anormal es ser normal

Lo anormal es ser normal

Inclusión, solidaridad, estereotipos y una revisión hacia dentro de la Universidad fueron algunos de los temas tratados en las mesas de Discapacidad en lo Social dictadas en las XII Jornadas de Investigación en la Facultad de Ciencias Sociales.

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Efectos biográficos e identitarios del diagnóstico psiquiátrico, fue la ponencia que abrió las mesas sobre Discapacidad en lo Social. Celmira Bentura presentó su investigación de tesis de doctorado, que está basada en el supuesto de que las personas diagnosticadas con una enfermedad psiquiátrica (bipolaridad, esquizofrenia, etc.), terminan asumiendo las conductas asociadas al diagnóstico y haciendo propia la etiqueta y estigma social que acompañan a la enfermedad, como elemento básico de su identidad, incluso a la hora de presentarse en la vida cotidiana. A partir de este estudio sobre casos de pacientes con diagnóstico psiquiátrico y que hayan sido sometidos a internación en alguna oportunidad, pretende analizar, desde el marco de la sociología de la cultura, el efecto que dichas etiquetas tienen en la vida biográfica e identitaria de esas personas y su entorno.

Alfonsina Angelino y María Eugenia Almeida son investigadoras de la Universidad Nacional de Entre Ríos (Argentina) y estuvieron a cargo de dos ponencias de la primera mesa. Con su charla La violencia del saber, dejaron planteado el problema de la producción de conocimiento por parte de la Universidad como institución, que en general deja afuera la visión del grupo al que está investigando y que pretende “predicar con la verdad”, sin hacer una revisión al interior de la institución y de los procesos de esa producción de saber. Esa violencia del saber estaría dada por un combo de cuatro violencias (indicadores planteados por Denise Najmanovich): que tienen que ver con las generalizaciones, los conceptos a priori, las esencialidades (identificar características distintivas) y un pensamiento binario.
“La discapacidad es una forma de racismo al atribuir ciertas características biológicas notorias de esencialidad”, expresaban las investigadoras.
La propuesta de este grupo es un trabajo conjunto entre el objeto estudiado y el sujeto, una perspectiva que involucre la mirada y la experiencia del objeto investigado y que no sea la mirada parcial (y de superioridad) del investigador.

Siguiendo el leitmotiv de las Jornadas, el tema derechos humanos dijo presente a través de un relato realizado por las investigadores sobre El caso de Lucía, una niña cuyo diagnóstico inicial era poco alentador y gracias al esfuerzo, testarudez y gestión de sus padres, pudo acceder a una gama de servicios básicos para cualquier ciudadano y difíciles de conseguir cuando se posee una discapacidad. Mediaciones médicas, constancias, trámites, juicios y muchas idas y vueltas, pusieron a la luz que no siempre la ley se cumple a rajatabla como dice la letra chica (al menos en el caso analizado por las investigadoras en Argentina). Mencionan la paradoja que muchos discapacitados viven: para acceder a sus derechos tienen que dejar de lado otros derechos.

La cuarta expositora, recién salida de la cocina facultativa, fue Sharon Díaz quien presentó su monografía de grado de trabajo social: La discapacidad mediatizada. El foco de la investigación está en la reciente unión de los conceptos discapacidad/solidaridad. Haciendo hincapié en que el concepto de solidaridad es un paraguas que se aplica en casos tan diversos como la recaudación de fondos o temas gremiales. La investigación toma como referencia fenómenos como la Teletón, programa que apela a la sensibilidad y emotividad de los televidentes para hacer “aflorar” su solidaridad.
Basados en el par normalidad/anormalidad este tipo de programas apuntan a la “normalización” de aquellos con discapacidad (de ahí a que lo que se busca es la rehabilitación) y termina apareciendo la solidaridad como caridad.
Terminan enmascarándose los problemas sociales, políticos y económicos de fondo produciendo emociones, sensación de utilidad, pero no hay un análisis crítico de esta realidad”, señalaba la investigadora, agregando que “se van legitimando las desigualdades pero se hacen invisibles y se naturaliza la situación, lo que genera un aumento de la tolerancia al dolor social.”

Andrea Sallé