Derechas modernas

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Estudios sobre las derechas uruguayas de los últimos cuarenta años

El miércoles se presentó la segunda mesa de estudios recientes sobre la derecha política en el Uruguay. En este caso, las investigaciones se centraron en movimientos políticos recientes (desde la década del setenta a la actualidad) y expusieron sus investigaciones María Eugenia Jung (Facultad de Humanidades, UdelaR), Gabriel Bucheli (Facultad de Humanidades, UdelaR), y Gabriel Delacoste (Licenciado en Ciencia Política, UdelaR) y Santiago Sánchez (estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales, Udelar).

La universidad del norte y el giro conservador
La presentación de Jung refirió al surgimiento y acción del Movimiento Pro Universidad del Norte (MPUN), el cual a partir del año 1968 “retoma una reivindicación histórica de Salto: la necesidad de una universidad independiente de Montevideo”. Esta reivindicación, según explicó Jung, se remonta a la década del cuarenta y en un principio nucleó a vastos sectores sociales y políticos del interior del país, para luego, en el contexto de radicalización de fines de los sesenta, dar un giro en el espectro político hacia la derecha y consolidarse como una fuerza de oposición al movimiento estudiantil de Montevideo. Jung señaló que no fue casual el momento en que surgió el Movimiento Pro Universidad del Norte, ya que “el aumento de la represión por parte del gobierno central al movimiento estudiantil favorece la ‘derechización’ del MPUN, que surge como una respuesta a la Universidad de la República (UdelaR), a la que consideraban un centro de reclutamiento de la izquierda”.
La investigadora indicó que era posible constatar el corrimiento a la derecha del movimiento a partir del estudio de los vínculos que establecieron. En ese sentido, emparentó al MPUN con los sectores más conservadores de los partidos tradicionales, con la prensa que respondía a esos sectores y con la Juventud Salteña de Pie (organización anticomunista que precedió a la Juventud Unida de Pie).
Un aspecto que destaca la investigación es la trascendencia a nivel nacional que tomó el movimiento: “Lograron que la Universidad del Norte dejara de ser un reclamo a nivel local”. Indicó Jung que “para ello fue fundamental el apoyo del gobierno de (Jorge) Pacheco Areco a través de su ministro de Cultura, Federico García Capurro, y de órganos de prensa como ‘La Mañana’ y ‘El País’”. Aseguró a su vez que, “a nivel nacional se dio una cooptación por parte del gobierno de los reclamos del MPUN, ya que vio en ellos la posibilidad de ejercer un contrapeso al movimiento estudiantil de la Udelar, el cual había radicalizado sus propuestas”.
Jung señaló como el momento “más fuerte del movimiento, el año 1969, cuando Pacheco Areco decretó la creación de la Junta Planificadora del Norte con el objetivo de avanzar en la creación de la Universidad del Norte”, esto tiene sus efectos hasta el día de hoy, según aseguró, “ya que provocó una reacción de la Udelar, que comenzó a tomar medidas para incrementar su presencia en el interior del país y hoy tenemos a la Regional Norte, que pertenece a la Universidad”.
A partir de los años setenta, el MPUN fue perdiendo apoyos políticos. En este sentido, la investigadora señaló la asunción de un ministro de Cultura de la Lista 15 como hecho significativo en la pérdida de apoyo político y sus reclamos volvieron a ser de carácter regional. Jung explicó que “para el gobierno, tras el giro autoritario del año 1973, ya no era necesario crear una Universidad del Norte, y estos reclamos quedaron en suspenso”. No obstante, indicó que tras la apertura democrática, el movimiento se transformó en la Fundación Pro Universidad del Norte, que funcionó hasta inicios del 2000 y actualmente sigue prestando apoyos económicos y tuvo una participación activa en la creación del Regional Norte.

Derecha revolucionaria
La investigación de Gabriel Bucheli tiene como objeto la Juventud Unida de Pie (JUP) y en su ponencia comenzó destacando la desmemoria que rodea a la organización y la falta de información que hay sobre la misma, por lo que según asegura “se creó una leyenda negra en su entorno, lo que posibilita demonizarla y emparentarla únicamente con un aparato parapolicial y con un instrumento de violencia derechista”. Bucheli aseguró que hay “cierta comodidad” en esta versión, ya que “permite atribuir a la JUP toda la violencia paraestatal que hubo a partir de 1971”, lo cual indicó, “no es del todo cierto, porque hubo otras organizaciones violentas que funcionaron por fuera del Estado y porque la JUP no fue una organización parapolicial, fue un movimiento social”.
El investigador destacó el arraigo de la organización en el interior del país, la figura de Benito Nardone, que fue reivindicada por sus seguidores, y mostró una serie de fotografías de actos de la JUP con convocatorias masivas, por lo que define a la organización como “un movimiento de masas”, por lo que aseguró que “es muy difícil ver movimientos conservadores o de derecha tan masivos en el Uruguay”.
Bucheli expresó que la génesis de la organización se da a partir del contexto histórico y que el surgimiento del MLN-Tupamaros, el triunfo de la izquierda en Chile, la conformación del Frente Amplio, los movimientos estudiantiles, “son todos elementos que ponen en alerta a la derecha y aparecen explícitamente en el discurso de la JUP”.
Respecto al carácter ideológico, la investigación define a la organización como “una derecha revolucionaria, ya que propone una transformación profunda de la sociedad, vinculada con el ruralismo y con la Iglesia Católica, que denuncia la decadencia del sistema político y lo juzga incapaz de hacer frente al avance de la izquierda, un discurso emparentable a los sectores militares que luego ocuparán el poder, pero que terminan desbancando a la JUP”. Para el investigador, este último hecho no queda del todo claro y por eso continúa investigando.

La derecha de hoy
La tercera ponencia estuvo a cargo de Santiago Sánchez y Gabriel Delacoste y surgió a partir de un artículo periodístico que ellos mismos publicaron en la revista Lento, titulado “La derecha y más allá”.
La investigación intenta hacer una reconstrucción de los sectores de extrema derecha tras el retorno de la democracia en Uruguay. Sánchez aseguró que “hay una especie de agujero negro en la historia uruguaya respecto a los movimientos derechistas en el periodo de post dictadura”. No obstante de esta falta de información, los investigadores comenzaron a constatar una serie de nombres que se iban repitiendo en las organizaciones de derecha y fueron trazando una cronología de estos movimientos. Sánchez afirmó que personas que habían estado en el grupo Orgullo Skinhead (grupo neonazi de fines de los noventa), pasaron luego a integrar la Juventud por el Resurgir Nacionalista (JRN), grupo que operó dentro del Partido Nacional, a su vez algunos dirigentes de la JRN luego integraron un movimiento denominado Derecha Social (DS) y finalmente un sector de la DS formó el Partido Uruguayo (PU). Si bien aclararon que no hay una continuidad institucional entre un movimiento y otro, aseguraron que hay una serie de individuos que se repiten y podrían conformar el campo de lo que es la extrema derecha en el Uruguay. Este ámbito es, según Delacoste, “un ambiente donde todos se conocen”.
Los investigadores aseguraron que “el todo terminó siendo más que la suma de las partes”, ya que “ el PU es distinto cualitativamente de todos los grupusculos que lo precedieron, porque ninguno de ellos llegó a tener la envergadura institucional de este”.
Respecto a las cuestiones ideológicas y programáticas del PU, Delacoste destacó que “más allá de encontrarse con lo que es esperable de un partido de derecha, como estar en contra del aborto y el matrimonio igualitario; sorprenden algunas propuestas tradicionalmente de la izquierda, como son la nacionalización de la banca y la reforma agraria”. Esto los emparenta, según los investigadores, con algunos movimientos de la derecha popular de Europa y Estados Unidos, como Amanecer Dorado de Grecia o el Tea Party, ya que “agarran banderas que las izquierdas moderadas no quieren y cuentan una historia de cómo la inseguridad, los cambios en la familia y la flexibilidad laboral son la misma cosa y eso es culpa compartida del liberalismo y de la izquierda. En ese sentido, estos grupos conforman un bloque fascista estándar” sentenció Delacoste. No obstante, los investigadores señalan que el discurso populista es meramente estratégico, ya que “cuando vas a hablar con ellos lo que realmente les importa es el combate al PIT-CNT y la situación de inseguridad”.
La investigación concluyó que a diferencia de lo que ocurría en la década del sesenta y del setenta con grupos como la JUP, el PU se autodenomina de derecha y a su izquierda colocan a los partidos tradicionales, que son políticamente correctos y “no se animan a decir algunas cosas que los comprometerían” indicó Delacoste. A su vez, los investigadores señalaron que “los dirigentes del PU consideran que la JUP está a su derecha, ya que su ideología está perimida. Pero no dudan en declarar que los presos de Domingo Arena, son presos políticos”.
Rodrigo Justo