Sobre nacionalismo, golpismo y democracia

Sobre nacionalismo, golpismo y democracia

Mesa abordó historia de la derecha política en Uruguay

estudios recientes sobre la derecha política en el uruguay

El primer día de las Jornadas de la Facultad de Ciencias Sociales en la sala de conferencias expusieron sus investigaciones Mariana Iglesias – Doctoranda en Sociología en la Universidad General San Martín-, Pablo Ferreira -Maestrando en Ciencias Políticas en la Universidad de la República- y Magdalena Broquetta -Doctoranda en Sociología en la Universidad de la Plata-. La investigación de Iglesias pone el énfasis en el Estado, particularmente en los momentos de crisis institucional, donde éste toma medidas extraordinarias de seguridad y hace un montaje discursivo para justificar su accionar. El periodo que comprende la investigación va desde la década del 30 hasta principios del 60 del SXX y toma tres conflictos puntuales como mojones: el golpe de Terra del 33, el de Baldomir del 42 y las medidas prontas de seguridad impulsadas en la década del 60.

Iglesias aseguró que fue necesario separar el conflicto en sí de las construcciones discursivas, ya que, “en muchos casos donde la adversidad política se comienza a leer en clave de enemistad, resulta significativo que dos o tres años antes los sectores políticos enfrentados habían formado parte de una alianza intragubernamental”. Por eso, afirmó Iglesias, es necesario “relativizar la virulencia de la construcción discursiva porque impide ver otras cosas”.

La investigadora entiende que “lo que habilita al Estado a tomar medidas extraordinarias, es poner al enemigo por fuera de la ley”. En el caso del golpe del 33, la investigación concluye que eso se dio entre actores locales, la escisión del batllismo en torno a la figura de Terra y nacionalistas independientes. Esto cambia hacia fines de la década del 30 y principios de la del 40, donde el país está inserto en el contexto de la segunda guerra mundial y se ubica en el bando aliado. A partir de esta coyuntura se toman medidas de excepción tales como el control a los empleados estatales y políticas que apuntaron a que la población se armara para garantizar la defensa nacional.

Los gobiernos posteriores a 1945 tienen entre sus construcciones discursivas como principal enemigo al Herrerismo, Fascismo y Comunismo, dependiendo de las necesidades de cada gobierno y de las características de cada conflicto. Por ejemplo, hacia la década del 60, en un contexto internacional pautado por la Guerra Fría, las posibilidades discursivas del Estado en cuanto a la construcción de enemigos están estrechamente vinculadas con el anticomunismo.

Según Iglesias, este tipo de medidas “se encuentran en estado latente y se reflotan dependiendo de las necesidades puntuales de cada conflicto”. La investigadora asegura que la faceta autoritaria y represiva del Estado siempre está presente y queda de manifiesto de forma más clara en los períodos de crisis.

Conceptos de democracia

“Batllismo y Democracia” es el título de la investigación de Pablo Ferreira, que intenta echar luz sobre las distintas concepciones de democracia que fue desarrollando el batllismo a partir de dos coyunturas específicas: la discusión sobre la reforma constitucional de 1951 y la reforma de 1966. El propio autor agrega un tercer momento significativo, el año 1972, por tratarse de los umbrales del periodo de dictadura.

A priori se puede hipotetizar, según Ferreira, que “el concepto de democracia -íntimamente ligado al de ciudadanía- se fue desvalorizando dentro del batllismo”, pero esto no es del todo correcto, ya que es necesario identificar qué entiende por democracia la generalidad del espectro político en cada periodo puntual, de lo contrario se estaría atribuyendo directamente al batllismo la pérdida de valor de la democracia y “eso sería forzar la hipótesis”, aseguró el investigador.

La metodología que empleó para su investigación fue tomar periodos donde se estuvieran discutiendo reformas constitucionales importantes, por entender que “allí se pone de manifiesto la concepción de democracia a través de los discursos políticos, actas parlamentarias y artículos de prensa”.

La investigación afirma que “en el año 1951 el batllismo entendía a la democracia como un sistema que se diferencia de los demás por la vigencia plena de las libertades individuales y por un avance hacia la igualdad social en clave reformista”. Esta definición, entiende Ferreira, es atribuible principalmente a la lista 15, ya que “busca encauzar la conflictividad social dentro de la legalidad y tendiendo a la igualdad”, mientras que la lista 14 (también batllista), es de corte más conservador, atribuye la agitación social a los sectores comunistas y “entiende la legalidad en un contexto de seguridad y de mantenimiento del statu quo”.

Respecto al periodo que desemboca en la reforma constitucional de 1966, Ferreira observa un “viraje ideológico del batllismo”. Con Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti al frente de la discusión, se plantea un eje de tensión en torno a la dicotomía gobernabilidad/democracia con claras referencias al gobierno francés de De Gaulle, donde se había optado por un camino más presidencialista para garantizar la gobernabilidad frente a las presiones de los sectores corporativistas, principalmente de los sindicatos. La posición de la lista 15 en este periodo era dotar de más poder al Ejecutivo, ya que entendían que era permeable a las presiones de los sindicatos y no tenía la fuerza necesaria para gobernar. Afirman entonces la necesidad de una reforma institucional que apunte al fortalecimiento de la figura presidencial.

En el periodo siguiente (1972) Ferreira asegura que existe un “deslizamiento de la lista 15 hacia una concepción ‘segurista’ de la democracia. Entienden que la democracia está en pie de guerra, y es aceptable restringir ciertas libertades en aras de mantener el orden”. En este periodo la investigación recoge la colaboración intelectual de Pacheco Seré -quien luego fuera prosecretario de Bordaberry en la dictadura- y de Julio María Sanguinetti.

La tercera vía

La investigación de María Broquetta tiene como eje la recuperación de una serie de grupos nacionalistas que surgieron en Uruguay en las décadas de los 50 y 60, fuertemente influenciados por los fascismos europeos. Su trabajo hace especial énfasis en el Movimiento Nacionalista Montonera, surgido en 1964. Este grupo captó el grueso de la militancia del FEAN (Frente Estudiantil de Acción Nacionalista) y Broquetta lo sintetizó como “de sesgo antiimperialista y popular, (allí es donde establece sus diferencias con la derecha liberal conservadora, que es insensible a las causas sociales), con planteos de tipo corporativista que niega el sistema de representación parlamentario”. En su manifiesto el movimiento no se define ni de izquierda ni de derecha, sino que consideran que son una tercera vía; la investigación rescata la consigna “ni yankees, ni rojos, nacionalistas”. Con respecto al plano económico se concluye que “al igual que todos los grupos nacionalistas, se colocan del lado de los ‘desheredados’, plantean una economía corporativista con base en la tenencia de la tierra del productor organizado y tachan al capitalismo por su crueldad”. Montonera propone un orden nuevo con base en el cristianismo y la autoridad, siendo el nacional sindicalismo la doctrina que mejor se adapta a sus propósitos. La investigadora asegura que “la idea de tradición es muy importante en estos grupos, siempre hay algo que intentan restaurar, un orden que antes estaba y hay que reimplantar, es por eso que los califico como contrarrevolucionarios”.

Entre las fuentes intelectuales más importantes de Montonera identifica al falangismo. “Hay una admiración muy fuerte por la figura de Primo de Rivera y los proyectos de su movimiento. Su influencia no se ve sólo en los textos teóricos, sino que se observa también en las prácticas rituales y la apropiación de sus signos identitarios”, señaló la investigadora.

Un elemento importante de estos grupos es el revisionismo histórico. “Así como en Argentina se reinterpreta la figura de Rosas, aquí se hace lo propio con Oribe. Allí se tiende un vínculo entre el movimiento Montonera y el Herrerismo, Oribe ya no es el bárbaro descrito por la clase ilustrada, sino que pasa a ser un caudillo que representa los auténticos valores del sentir nacional”, afirmó la autora. Son importantes a su vez los vínculos de estos grupos con el grupo Tacuara de Argentina, vínculos que persisten y toman la forma del “antisemitismo y el anticomunismo violento”, concluyó Broquetta.

Rodrigo Justo